Algunas reflexiones sobre la escuela rural latinoamericana en un contexto post-COVID

Comparto aquí algunas ideas sobre el sentido de la educación rural en América Latina, de cara a estos tiempos inciertos, pero al mismo tiempo con esperanza de que el futuro sea una oportunidad de mejora importante.

Lo primero a considerar es que la noción de «escuela rural» tiene muchos matices y heterogeneidad en América Latina. Hay países en la región, como por ejemplo Honduras, donde aproximadamente la mitad de sus escuelas son rurales, mientras que en otros, como Chile, sólo el 10% lo son. Ello obviamente implica prioridades políticas, atención técnica y destino de recursos que han de variar mucho de acuerdo a los contextos nacionales y subnacionales.

Pero además de las diferencias en magnitudes es necesario a la vez evitar dos extremos en términos de conceptualización de lo que es y ha de ser la escuela rural: por un lado, lo que llamo una mirada bucólica, que romantiza la ruralidad en una lógica casi de buen salvaje roussoniano, donde la idea de escuela rural per se es buena y loable. Tampoco el extremo contrario, donde se tiene la idea de que lo rural, y por ende la escuela, siempre está asociado a la pobreza, al subdesarrollo o a la falta de progreso y cultura.

Y es que hay muchas ruralidades en América Latina, así como muchos tipos de escuela rural. Yo he visitado, por ejemplo, escuelas rurales con muchos recursos en centros agroexportadores, o  escuelas en áreas pastoriles con alumnos que caminaban horas para llegar, o en reservas/comunidades indígenas, cuya lengua materna sigue estando viva y usada en la comunidad y en la escuela.

Aún en medio de esta heterogeneidad, me animo a plantear algunos elementos que han de ser potenciados en la escuela rural, y que al mismo tiempo pueden servir de ideas para todas las demás escuelas de la región. 

Primero, la escuela rural es un espacio que congrega a la comunidad. Es una institución importante para todos. Donde hay una escuela, hay motivo para celebrar, para hacer comunidad. Eso permite que la familia entre a la escuela. Eso permite que la escuela acompañe el proceso de la comunidad, ya sea el ciclo del cultivo, las festividades, los momentos cívicos. PONER A LA ESCUELA EN EL CENTRO DE LAS COMUNIDADES es un reto importante para la mejora de los procesos educativos, pero también para la cohesión social.

Segundo, LAS DISTINTAS ESCUELAS RURALES REQUIEREN DE DIFERENTES TRATAMIENTOS PEDAGÓGICOS Y DE GESTIÓN. Escuelas remotas requieren, por ejemplo, ciclos escolares diferenciados. De ahí surgen, por ejemplo, las secundarias en alternancia en Francia, y luego importadas al Perú. Las escuelas multigrado requieren pedagogías y materiales distintos. Y de ahí surgen extraordinarias iniciativas como Escuela Nueva en Colombia, microcentros rurales en Chile o redes de tutoría en México. Las escuelas en áreas de lenguas originarias también son una realidad. Así en Perú se desarrolló una política integral de atención a escuelas que incluye formación de docentes, materiales educativos y adaptaciones curriculares, además de soporte al docente. Así, la escuela urbana o suburbana necesita entenderse mejor, salir de una categorización genérica para así poder encontrar respuestas a sus reales necesidades.

Lo tercero, la escuela rural exige INNOVACIÓN. Hay que lidiar con carencias, que pueden volverse oportunidades. La necesidad obliga a desarrollar metodologías, pedagogías y prácticas que respondan a todos. En ese sentido, creo que la escuela rural es un excelente laboratorio de políticas y prácticas educativas. Permite experimentar naturalmente dadas las dimensiones y condiciones de aislamiento. Un ejemplo interesante es el acompañamiento pedagógico en Perú. Inició como un proyecto en una zona del país, se extendió a zonas rurales de habla castellana, luego a zonas bilingües, y finalmente a zonas urbanas. Cada una con sus propias adecuaciones. La innovación está atada a la flexibilidad normativa, al fomento, a la investigación y al soporte permanente. Allí es donde quizás nos falte una cultura de innovación por desarrollar. Innovar no solo mediante concursos financieros y reconocimientos formales, sino mediante redes de profesores, redes de escuelas, entre otros.

En cuarto lugar, un elemento del que se habla muy poco es la TRANSICIÓN DE LA ESCUELA AL MUNDO LABORAL. El proyecto Horizontes de UNESCO en Perú viene haciendo ensayos interesantes. La escuela tiene que mirar a su contexto, pensar cómo va a ayudar a los alumnos que transitan por ella para que puedan desarrollarse como personas adultas y en su vida laboral. No puede haber una disrupción entre la escuela y su contexto. Otro ejemplo interesante es la Universidad para el Desarrollo Andino (la UDEA), en una zona muy alejada y pobre de Huancavelica en Perú. Se han centrado en carreras de agricultura y educación bilingüe. Y vienen formando personas que pueden aportar al desarrollo de su propia región.

En quinto lugar, CREO QUE LAS ESCUELAS DEBEN SER MÁS PEQUEÑAS EN NÚMERO DE ESTUDIANTES. Para mí eso tiene muchas ventajas en cuanto a las relaciones humanas, manejo del clima escolar, o de posibles fuentes de conflicto. Las escuelas masificadas en áreas urbanas populosas suelen implicar problemas. No hay espacio en los patios, los salones están repletos, los profesores no pueden atender o dedicar tiempo a todos, incluyendo familias. Entonces sí se puede empezar a pensar en poblaciones escolares más pequeñas.

Adicionalmente, hay interesantes experiencias de escuelas rurales que SE ORGANIZAN EN REDES. Eso permite complementarse, aliviar elementos administrativos, encontrar referentes pedagógicos, gestionar procesos escolares conjuntos. Creo que ello serviría de ejemplo para ciertas áreas urbanas, donde las escuelas tienden a centrarse en sí mismas y buscar resolver todo solas.

Finalmente, creo que las escuelas rurales pueden más fácilmente tener una mística común, una filosofía única. Un ejemplo es el proyecto Comunidades de Aprendizaje. Lo he visto en escuelas rurales, donde toda la escuela, maestros, estudiantes, familias, se enganchan en objetivos comunes, etc. CREO QUE LOS PROCESOS QUE IMPLICAN TRANSFORMACIONES DE TODA LA ESCUELA PUEDEN SER TRANSFERIDOS A LAS ESCUELAS URBANAS TAMBIÉN.

Lucas Sempé

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