¿Cuál es el sentido de la escuela digital que viene?

Existe un viejo y conocido proverbio africano que dice que para educar a un niño hace falta la tribu entera. Hoy más que nunca estas palabras adquieren todo su sentido. En un momento en el que nuestro contexto, ya de por sí impredecible y líquido (Bauman), se ha transformado en un terreno pantanoso, la educación se vuelve una tarea compartida y un asunto que nos afecta a todos, como sociedad.

Aquello que, hasta hace poco, calificábamos de propuestas innovadoras -sujetas a discusión, con escasa evidencia empírica -, como la educación digital, el trabajo con las familias o una formación centrada en el desarrollo de competencias, se ha vuelto una necesidad a la que debemos dar respuesta, en un momento de enorme conmoción social y sin tiempo para ensayos o debates.

La crisis sanitaria ha golpeado con fuerza a muchos niveles y la educación no es una excepción. Si atendemos a los datos, las cifras no dejan lugar a la duda: más de 190 países han tenido que cerrar sus escuelas y en pocos días, más de 1.500 millones de estudiantes se han encontrado con que, de la noche a la mañana, su vida cambiaba radicalmente.

Los sistemas educativos, en el mundo entero, se han visto obligados a improvisar soluciones y a impulsar estrategias poco ensayadas que permitieran garantizar la continuidad de los aprendizajes de millones de alumnos, desde sus hogares, en una situación educativa sin precedentes.

El impacto que la pandemia tendrá en los procesos formales de educación – que va a depender, en gran medida, de condiciones estructurales ya existentes en cada país- es todavía desconocido. Sin embargo, en poco tiempo, se han hecho evidentes muchas deficiencias y desigualdades que eran ya muy amplias incluso antes de la crisis sanitaria.

La tecnología ha mostrado sus luces y sombras, y se ha reafirmado el valor central que la escuela tiene, no solo para el aprendizaje o el desarrollo social de los alumnos, sino también como igualador o nivelador social. La figura del docente se ha visto claramente reforzada. Que la profesión docente es una profesión muy solitaria (“cada maestrillo tiene su librillo”), ha quedado evidenciado ante la dificultad de impulsar soluciones o propuestas más colaborativas, al tiempo que se ha podido constatar el compromiso del profesorado con sus alumnos, con su formación y bienestar.

Junto con el docente, la importancia de contar con instituciones sólidas, que promuevan un liderazgo educativo orientado a su dimensión más pedagógica; y con la participación de la familia, que lejos de ser un mero aliado formal, ha demostrado ser un actor clave en el proceso formativo de sus hijos.

Nos encontramos ante un momento decisivo. Este experimento sobrevenido y no deseado, ha permitido recabar evidencias y poner sobre la mesa, casi sin querer, que otra escuela es posible.

¿Estamos preparados, por tanto, para afrontar el reto inminente del regreso a las aulas? ¿Hemos hecho los aprendizajes y extraído las conclusiones necesarias?

Todo apunta a que, en el corto plazo, el contexto de la escuela tendrá que realizar diversos ajustes: medidas higiénicas, grupos reducidos de clase, distanciamiento social: implementar, en definitiva, lo que algunos llaman un modelo híbrido de educación (presencial y a distancia). Pero, lo fundamental no serán las medidas paliativas que el sistema educativo adopte para superar esta crisis; lo fundamental será el largo plazo: lograr una transformación profunda de nuestros sistemas educativos va a depender de lo que seamos capaces de construir en estos días.

Es el momento de reflexionar colectivamente acerca de la escuela que queremos. Una escuela orientada al alumno (a su desarrollo integral, a sus potencialidades o dificultades, donde el estudiante tenga mayor nivel de participación y centrada en la construcción de su proyecto de vida); una escuela más conectada con el entorno (que abra sus puertas, que comparta espacios y tiempos con la comunidad, que vincule los contenidos y aprendizajes al contexto); una escuela más viva y dinámica (que sea parte activa de los cambios sociales, tecnológicos y culturales, y no un mero receptor pasivo de transformaciones); una escuela donde construir relatos y discursos, donde aprender a relacionarse, a compartir y a respetar la diversidad, como valores centrales de una ciudadanía competente y solidaria.

Es necesario construir respuestas sistémicas, intersectoriales y contextualizadas que tomen al centro educativo como unidad de análisis y unidad de cambio; trabajar desde cada contexto; compartir experiencias y propuestas, y avanzar en la definición de soluciones colaborativas y consensuadas, asumiendo la importancia del diálogo y del aprendizaje compartido, así como la corresponsabilidad entre los diferentes agentes que intervienen en la educación.

La construcción de sistemas educativos resilientes y con capacidad para transformarse y transformar es uno de los principales desafíos que como sociedad tenemos por delante. Debemos aprovechar los aprendizajes que esta tremenda crisis sanitaria nos ofrece, para iniciar una transformación significativa del modelo, salir de la cultura de la improvisación, planificar los cambios y hacerlos sostenibles. Y tenemos enormes fortalezas para hacerlo.

Tamara Díaz Fouz

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2 comentarios en “¿Cuál es el sentido de la escuela digital que viene?”

  1. Excelente post. Los aprendizajes que queden en docentes y estudiantes en tiempos post pandemia marcara una transformación que ya era necesaria en el sistema educativo a nivel mundial. Estrategias, modalidades y habilidades desarrolladas en este período deben generar ganancias en la práctica pedagógica del futuro.

    Solo una observación: el post es un poco extenso.

    Responder
  2. Creo que esta reflexión me reafirma la necesidad de pensar en construir alianzas y puentes. Es urgente un cambio de mentalidad con respecto a que lo que estamos viviendo no es temporal, sino una tremenda oportunidad para un cambio profundo y necesario. En mi opinión, la escuela no puede regresar a lo que era antes, y no puede porque hemos aprendido mucho en estos meses, habrá que consolidar un plan estratégico en colaboración, para sumar y para centrar la mirada en el contexto y desde ahí construir.

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