El desafío de la escuela digital que viene

Cuando reflexiono acerca de esta cuestión, me gusta pensar en términos de desafíos y oportunidades: el desafío actual de sostener el vínculo con los estudiantes desde la virtualidad, el desafío de tratar de no repetir los mismos errores pre pandemia, y de comenzar a sentar las bases de un nuevo modelo educativo.

Y ante estos desafíos poder repensar todo lo que hace al quehacer educativo: desde la gestión de la institución escolar hasta el acontecer del aula; acontecer que cobra otra dimensión en este contexto, porque cambia lo que entendemos por espacio, cambia el tiempo escolar, cambia la forma en que nos organizamos para vincularnos con los chicos, cambia la dinámica educativa en los espacios escolares, hoy virtuales. Teniendo todo esto en cuenta es imprescindible que como docentes empecemos a pensar y proponer el cambio: desde pensar qué es realmente importante que los estudiantes aprendan, cuál es la manera más asertiva de comunicarnos con ellos, qué tipo de actividades puedo proponer desde la virtualidad para que aquello que pretendo enseñar sea aquello que mis estudiantes quieran aprender, cómo hago para que mi espacio de enseñanza virtual no se convierta en una aula tradicional que profundice la exclusión, o qué hago cuando mis estudiantes no tienen todos las mismas posibilidades de acceso a la tecnología o a la conectividad, son preguntas que requieren respuestas y que deben ser respondidas en ámbitos de construcción colaborativa, desde la diversidad de miradas, perspectivas y experiencias, como los generados por Fundación Santillana a través de esta sesión de trabajo “Escuela digital: ¿qué nos deja la pandemia”.

Estas son solo algunas de las muchas cuestiones que se pusieron en relieve a partir del aislamiento social y la necesidad de seguir educando a nuestros estudiantes echando mano de lo digital.

Creo que el sentido de la escuela digital es proponer un nuevo modelo, que capitalice todas aquellas experiencias de innovación educativa que ya se venían desarrollando con éxito, un modelo flexible que permita la discrepancia, la diferencia el trazado de nuevos recorridos educativos, un modelo que ponga el aprender por encima del enseñar, es decir, que se pregunte primero por el estudiante y cuáles son los saberes y las habilidades que son importantes para ser parte de una sociedad que exige del ciudadano otro tipo de formación, compromiso y participación.

Un modelo educativo que apunte al desarrollo de la creatividad, la empatía, que atienda al desarrollo emocional de los niños y jóvenes, que promueva el aprendizaje en red y las comunidades de aprendizaje y que se apoye en la tecnología para promover la igualdad de oportunidades, la inclusión, y en definitiva para la gestión de una educación globalizada.

Carola Silvero

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