La Escuela que Urge

En medio de una crisis como la que vive el mundo,  con una importante afectación en la oportunidad de dar clases presenciales, es pertinente que nos preguntemos sobre qué políticas educativas son necesarias para la escuela que viene. Fundación Santillana convocó a personas de Europa y América para que dialogáramos sobre esa escuela, la escuela del futuro que deberá ser soñada y construida desde el presente. 

Hay grandes desafíos educativos, exógenos al distanciamiento social producto de la crisis sanitaria, como lo son la Cuarta Revolución Industrial y la transformación del mundo del trabajo. 

El 15 de octubre nos juntamos para intercambiar experiencias y expectativas. Articulamos acuerdos con el potencial de vigorizar nuestro trabajo en los contextos en los que nos desenvolvemos. Entre las políticas educativas importantes, coincidimos en que es crucial que,  independientemente de la existencia o no de la actual crisis resultado de la COVID19, debemos garantizar el derecho a la educación. Es un foco que no puede quedar en segundo plano.  Concluimos que las trayectorias escolares completas son esenciales para la autonomía individual y para la inclusión, a través de una educación incluyente y de calidad. 

Coincidimos en que es crítico acortar la brecha social en regiones del mundo muy desiguales, como lo es América Latina. Para ello, debemos enfocarnos en la formación de la persona como un objetivo educativo compartido. Ello implica políticas sociales y de acompañamiento a las familias en el presente y la promoción de  la equidad en las oportunidades de aprendizaje. 

Es fundamental la formación tecnológica de los miembros de la comunidad educativa, en especial de los maestros, a fin de asegurar un liderazgo pedagógico digital. Es esencial asegurar la oportunidad de acceso de los hispanoamericanos a un mundo virtual.

Coincidimos que el liderazgo pedagógico es crítico, más que nunca, ante las modalidades de clases a distancia. La empatía y la calidez del educador que propenda una interacción respetuosa y comprometida serán decisivas para la formación de cada uno de nuestros chicos. 

A fin de lograr nuestros objetivos, hay que reformular las políticas públicas, en el entendido que el docente tiene que ser un generador del cambio. Su formación inicial y continua debe trascender lo teórico. Requiere  conocimiento disciplinar, habilidades blandas, competencias digitales,conocimiento de Neurociencias de la educación, agilidad y capacidad de improvisación ante escenarios cambiantes y complejos . 

Las universidades y las escuelas tienen una enorme responsabilidad compartida. Las universidades no pueden ser más claustros con una interacción interna, disociada y hasta un tanto indiferente a la realidad social. Tienen la obligación de aportar desde la inteligencia colectiva que albergan, respuestas manifestadas a través de la investigación y de la extensión universitaria en los entornos en los que ocurre la experiencia educativa.  Les corresponde trabajar en equipo, poniendo a disposición de nuestras sociedades  su intelectualidad y su experticia a fin de hacer un acompañamiento efectivo y transformador, articulado con la tarea de formación del capital humano de las instituciones educativas en los niveles preuniversitarios. 

Coincidimos en insistir en la necesidad de descentralización de los sistemas educativos. La autonomía y la responsabilidad compartida de las escuelas y de la comunidad educativa en general deben producir mejores y más comprometidos resultados.

La creación de oportunidades es clave para todos los actores de la comunidad educativa, tomando en cuenta las desigualdades y la exclusión social en América Latina. Los objetivos y propósitos deben surgir de la investigación, de  la evaluación y de la acción articulada y coherente, a fin de lograr institucionalizar un pacto educativo.

Las comunidades no pueden quedarse atrás. Se necesita una educación comunitaria participativa en la que la escuela, la familia y la comunidad hagan sinergias. ¿Cómo lograr todos estos objetivos? Debemos hacerlo desde la empatía, a través del diálogo; fomentando la esperanza; siendo autocríticos;  ofreciendo soluciones; construyendo,desde las coincidencias, respuestas a los retos; estimulando la inclusión, el respeto a la dignidad, la oportunidad de crecimiento, y el reconocimiento a las diferencias. Así, lograremos una mejora basada en el diálogo, en el análisis, que parte de un diagnóstico, incorporando una visión compartida y una motivación colectiva. ¿Qué podríamos alcanzar? Una obra educativa colectiva con base en el diálogo y en la cooperación continua a través de una eficaz gestión del conocimiento.

La escuela que viene requiere ajustes a los presupuestos, con el objetivo de una formación docente continua, en la que los actores reconozcan el derecho a la educación del estudiante de acuerdo con su estilo y ritmo de aprendizaje. 

Trabajemos en red: son posibles centros educativos autónomos, comprometidos, con capacidad de respuesta, en  los que cada uno de nosotros sume. 

La escuela tiene el potencial de ser el gran laboratorio de aprendizaje de una sociedad. Hagamos de la escuela el centro del devenir de nuestros países. El destino de nuestras naciones se decide en las aulas.

Nivia Rossana Castrellón

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