La tecnología, herramienta para la educación activa

Los centros educativos están formados por una gran diversidad de alumnado que configuran la realidad de cada comunidad educativa. Esta diversidad está condicionada por características como su contexto socioeconómico, los medios digitales con los que cuentan, la capacidad emocional, las necesidades especiales de los alumnos y otros muchos factores que, en una situación de crisis como la actual, pueden generar complicaciones adicionales. La actual situación sanitaria ha supuesto un reto para los docentes que han asumido, teniendo como aliado a las tecnologías, resolver algunas de las necesidades de los alumnos. La limitación más importante es la falta de recursos electrónicos para una correcta conexión, a lo que hay que añadir la falta de competencia digital del alumno, la falta de competencia digital del docente y la dificultad de gestión de las emociones a través de medios digitales.

A pesar de todas estas dificultades, la tecnología se ha impuesto como una herramienta adecuada para mantener la educación activa, para ayudar a evolucionar a los alumnos, para continuar con los aprendizajes, para adaptar las actividades y para socializar y mantener el contacto de manera continuada con sus iguales. Lo más importante es que el docente pueda gestionar “el nuevo escenario” adaptado a las nuevas necesidades surgidas.

En este sentido las administraciones educativas han dado un giro en lo que se refiere a una escuela más innovadora, más integradora y más adaptada al tiempo actual y futuro. Se ha flexibilizado el trabajo presencial en modelos híbridos de semipresencialidad, a distancia con distintas modalidades, etc. Los recursos digitales han aumentado y los docentes han descubierto un aliado en las posibilidades que ofrece la tecnología, pasando a un primer plano y no estando relegados a una actividad puntual o para que los alumnos pasen un rato haciendo algo distinto pero sin valoración académica. Debemos conseguir que la crisis sanitaria  nos ayude, al menos, a transformar las aulas, las formas de trabajo con los alumnos y a aprender nuevas prácticas docentes aprovechando las sinergias de incorporar estas metodologías.

Afortunadamente ya había docentes haciendo cosas de manera diferente, colaborando con otros, organizando el aula con otra visión, identificando espacios dentro y fuera del centro, donde la tecnología adquiere una especial relevancia. Los espacios educan y permiten a alumnos y docentes gestionar y liderar el espacio para la actividad de enseñanza-aprendizaje. La formación a través de la tecnología hace que surjan nuevos escenarios que además evolucionan con rapidez. El docente debe incluir y gestionar el medio digital, la presencialidad síncrona por videoconferencia y las nuevas situaciones adaptando y adecuando las metodologías de actuación. Replicar viejas técnicas a través de nuevos medios sin adaptarlas nos conducirá al fracaso y no habremos aprovechado el impulso de la situación actual que nos está tocando vivir.

“La escuela que viene” está ya aquí. Lo que hay que trabajar con mayor esfuerzo es la formación del “docente que viene”, ese docente del siglo XXI que enseña en centros educativos construidos en siglos pasados y que es el encargado de formar a los ciudadanos que vivirán una importante parte de su vida en el siglo XXII y formarán a los docentes que educarán a la sociedad del próximo siglo. Es por eso que los espacios, los libros, los recursos, la tecnología o lo que vendrá debe ser gestionado de la mejor manera posible para conseguir motivar y dotar de un mayor impacto de aprendizaje a los alumnos. Por ello la formación del docente y su capacidad de liderazgo y de gestión del aula es fundamental en “la escuela que viene”. Los futuros docentes, muchos de ellos aún en centros educativos o la universidad, se deben formar para saber adaptarse a los cambios y para aprender a lo largo de la vida evitando enseñar igual que a ellos se les enseñó. Sin duda, aquellos que han elegido como profesión una de las más bellas que existen han de ser formados en la universidad con este fin, de otra manera el proceso de transformación será muy lento.

Las dificultades son muchas pero como sociedad debemos adaptarnos a los cambios. Lamentablemente los humanos, en general, somos muy reticentes a los cambios y replicamos gran número de acciones por tradición, porque se venía haciendo así, por creencias sobre lo que es o lo que debe ser. La oportunidad de la nueva relación del alumno y el docente con la tecnología es que el proceso es más complejo pero más integrador al poder guiar y motivar los pasos del alumno. La atención a la diversidad también es más adaptable gracias a la tecnología, generando itinerarios formativos vinculados a su contexto, de dónde parten, de sus necesidades, o de sus dificultades. Saber canalizar estas oportunidades sin duda nos ayudará a contribuir a una sociedad con más oportunidades para nuestros alumnos.

David Cervera

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