Nuevas estructuras escolares

La construcción del aula abierta

El sistema educativo, desde sus orígenes, presenta una estructura rígida, que mantiene cierta resistencia frente a los diferentes cambios que se presentan en nuestra sociedad, por lo que, frente a la pandemia que estamos viviendo, se ha visto fuertemente afectada.

A su vez, al ser un espacio conformado por múltiples actores sociales debemos comprenderlo desde la diversidad de voces, puesto que cuantos más educadores contenga más serán las experiencias encontradas.

¿Es posible reconstruir la escuela atendiendo a un contexto tan dinámico y dando lugar a que los cambios coyunturales puedan convertirse en estructurales para responder así a las nuevas realidades que vivimos en la actualidad?

La práctica docente es el motor para la apertura de nuevas formas de encarar los procesos de enseñanza-aprendizaje, las metodologías innovadoras aún son vistas como paradigmas en una sociedad que se encuentra sumergida en información, comunicación y tecnología. Por lo tanto, es necesario contar con una mirada pedagógica más amplia y actualizada, para generar nuevos espacios que acompañen a la escuela frente a las desigualdades en la que se encuentra sumergida.

Cuando pensamos en corromper lo establecido para mejorar la educación, nos estamos dando la oportunidad de entender la educación disruptiva como la protagonista de este nuevo escenario. De comprender que ni los docentes ni los alumnos son los mismos perfiles que hace 50 años atrás y que la tecnología ha permitido crear nuevas redes, nuevos recursos y herramientas, además de nuevas posibilidades que no han sido tenidas en cuenta de manera ferviente hasta el momento en que nos encontramos frente a situaciones más que limitantes.

En incontables ocasiones se ha cuestionado el rol del docente durante el desarrollo de la pandemia, debido al accionar de su propia voluntad, de su responsabilidad, de su compromiso y también al acatar decisiones de escalones superiores al momento de optar el cómo enseñar y el qué enseñar. Es aquí donde nos encontramos con el currículo, que sufre constantes recortes hasta llegar al estudiante, que se adapta a las necesidades presentes y en otros casos se distancia totalmente de ellas. Un currículo que debió ser readecuado considerando al destinatario, el contexto social y las posibilidades para mantener el vínculo entre cada hogar y la escuela.

Además, puesto que todo cambio abrupto conlleva un aprendizaje, es indispensable detectar y encauzar la enseñanza hacia una formación que permita al educando construir su propio aprendizaje a través del acercamiento a la realidad, a la interacción y adaptación con el medio que lo rodea, a la apropiación de saberes en concordancia con la alfabetización digital, a establecer momentos de reflexión, de análisis, de interrogación frente a lo propuesto, a lo establecido. Y desde nuestro lugar como formadores, que seamos capaces de trabajar interdisciplinariamente para construir de manera colectiva nuevas herramientas didácticas que fomenten la creatividad, la resiliencia, la comunicación, la concientización y el razonamiento crítico y lógico, para la generación de ideas y soluciones ante los problemas y situaciones que son parte del cotidiano, directa o indirectamente. No obstante, en este pequeño escalón de este gran desafío educativo, al cual se suma la emergencia sanitaria, debemos tomar distancia de la “normalidad”, para ampliar la perspectiva y fomentar la apropiación y aceptación a los cambios.

No encontraremos una receta exacta para hacer frente a las diversas dificultades, por mucho que ayuden las nuevas herramientas y adaptaciones metodológicas, que han de ser pensadas no solo como salvavidas en tiempos de pandemia, sino como partes de esta nueva identidad de escuela, aplicando las tecnologías desde lo cotidiano hacia fines propulsores de cambio. Y esto tiene sentido al reconocer que la educación disruptiva se ha presentado por medio de distintas formas de trabajo en el aula, construyendo la dinámica del aula fuera de su espacio físico, en la construcción y presentación de contenidos  interdisciplinar y transversalmente para la generación de experiencias más enriquecedoras y de temprana aplicación, la incorporación de dispositivos tecnológicos, el empeño a través de programas y políticas públicas la involucración de saberes digitales, como espacios para la innovación.

Sin embargo, en esta etapa de clases no presenciales, la comunidad educativa en general ha jugado un rol muy importante, y en ella se reflejaron con más fuerza desigualdades y oportunidades que no deben pasarse por alto, en donde cada institución ha reconocido su realidad y se ha adaptado con mayor con mayor o menor éxito a la cotidianeidad del estudiante.

WSi es posible romper estructuras obsoletas ha de ser mediante un compromiso real y continuo, un acercamiento hacia lo desconocido para interpretar la comunicación que conllevan al aprendizaje en todas sus formas, la puesta en escena de aquello que decidamos críticamente como positivo para nuestros estudiantes y hacerlo desde la faceta emocional que tan poca atención ha recibido en este periodo escolar.

Liza Acosta

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