«¿Qué nos deja la pandemia?»

La pandemia de COVID19 es un momento disruptivo, que reforzó el papel central de la escuela en la sociedad, pero que también demostró que el proceso de modernización/adaptación deseado aún es incipiente y, en muchas situaciones, inexistente.

Globalmente el sistema educativo se enfrentó a la pandemia y encontró soluciones, con diferentes grados de preparación e innovación, respaldado por la generosidad y el compromiso de los docentes, alumnos y familias, de la comunidad educativa, municipios, alianzas público-privadas y con la sociedad civil. Sin embargo, lo que la Escuela vive hoy es un momento de emergencia educativa, en el que las desigualdades se agravaron por las diferencias en el acceso.

El reto para pensar la escuela que viene no debe ser reducido a una elección entre la escuela digital y la escuela tradicional, sino una oportunidad para adaptar la Escuela a las necesidades y objetivos de las sociedades. La escuela, centro del proceso educativo, debe ser una entidad dinámica que interactúa con las sociedades, anticipando desafíos y contribuyendo a las respuestas necesarias. Debe ser un espacio plural y seguro que brinde estabilidad y protección.

El debate sobre la necesidad de modernizar/adaptar la Escuela es amplio, con prioridades y áreas de trabajo identificadas. La modernización de la escuela requiere un enfoque sistémico y colaborativo sobre la infraestructura física y la organización espacial, el modelo de gobernanza y la gestión, la autonomía y la descentralización, la adaptación curricular (incluida la prevención/reducción de riesgos y respuesta a crisis), modelos de evaluación, formación docente (inicial y continua) o digitalización, quizás hacia un proceso educativo híbrido con nuevos espacios, enseñanza colaborativa, interdisciplinariedad, para la creación de ecosistemas educativos.

Dos aspectos son fundamentales. Privilegiar el análisis, la reflexión y la acción movilizando al Estado y a la sociedad civil para desarrollar modelos de gobernanza integrados, basados ​​en la cooperación/asociación, participación de los interesados, comunicación efectiva y liderazgo colaborativo. Construir una escuela como un espacio de conocimiento, de interacción y de socialización, el profesor como mediador, donde los estudiantes participen efectivamente en el proceso global y sean agentes de cambio.

La tecnología digital está transformando la forma en que las personas piensan y aprenden, y la educación necesita desarrollar habilidades que van más allá de la lógica del usuario de tecnologías. El volumen de información disponible es angustioso y la elección del conocimiento fundamental es crucial. La sofisticación de los procesos de creación de conocimiento requiere un fuerte enfoque en competencias clave y la complejidad de los problemas requiere que la Escuela brinde un aprendizaje integral y significativa, invirtiendo en educación en valores de ciudadanía y democracia para garantizar los Derechos Humanos, que funcione tanto individual como colectivamente. Las tecnologías digitales serán un soporte, una herramienta que necesita ser perfeccionada con estrategias pedagógicas apropiadas, pero también con el desarrollo de habilidades digitales, alfabetización y ciudadanía digital para alumnos, profesores, directores y educadores.

A lo largo de este proceso debemos ser conscientes de que el acceso en equidad y calidad a la Educación es una condición básica para el desarrollo humano y para corregir las desigualdades, permitiendo la realización de planes de vida y la realización personal según el potencial individual (incluido el mercado laboral), factores esenciales para la cohesión social y la creación de sociedades dignas y justas.

Paula Barros

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