Síntesis «Políticas educativas para la escuela que viene: aprender de la incertidumbre»

El pasado martes 13 de octubre celebramos el segundo encuentro del ciclo sobre políticas educativas, complementario del realizado el 8 de octubre, en el que tuvimos la oportunidad de dialogar con cinco ministros de educación de distintos países sobre la toma de decisiones educativas en el escenario de incertidumbre en el que nos ha situado la pandemia. 

En esta ocasión, hemos podido reflexionar junto a cuatro referentes de la educación, que desde su posición de investigadores, nos han ayudado a vislumbrar el rumbo que van tomando los rápidos cambios educativos y el papel de las políticas públicas como herramienta para orientar el sentido de estos cambios. 

Acompañados por Alejandra Cardini, directora de educación de CIPPEC (Argentina), encargada de moderar la mesa, hemos dialogado con Felicitas Acosta, investigadora docente regular de la Universidad Nacional de General Sarmiento (Argentina); Fernanda Luna, subcoordinadora de Investigación y Desarrollo de la Oficina para América Latina del IIPE UNESCO (Argentina); Juan Manuel Moreno, especialista principal de educación del Banco Mundial (España); y, Renato Opertti, director de la Escuela de Postgrados de la Universidad Católica (Uruguay).

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Vídeo completo del encuentro virtual.

Dimensiones de las políticas públicas para enfocar el futuro educativo 

La primera pregunta planteada por Alejandra Cardini, situó a los participantes en el dilema de elegir una dimensión de las políticas educativas que se haya iluminado durante la pandemia y que además tenga el potencial de enfocar el futuro educativo.

Renato Opertti destaca la importancia de repensar la dimensión curricular pedagógica, como un medio para renovar los fines educativos y redefinir los imaginarios sociales, para superar el planteamiento fragmentado del conocimiento e intentar conectar más con el alumnado y las necesidades de una sociedad del futuro.

Los contertulios debatieron sobre el equilibrio entre la necesidad de afrontar medidas integrales que garanticen la protección de la infancia y la escolarización universal, sin dejar de poner énfasis en la apuesta por una propuesta educativa de calidad.

“La pandemia iluminó el desafío de pensar y abordar el sistema educativo desde un modo integral, y nos deja un terreno fértil para avanzar en la dirección de un trabajo más multidisciplinar”. 

Fernanda Luna.

La pandemia ha puesto sobre la mesa la importancia de la digitalización del sistema educativo como una respuesta a la disrupción del tiempo y del espacio escolares, que nos ha llevado a nuevas formas de organización para dar respuesta a la continuidad del aprendizaje, señala Felicitas Acosta  para, a continuación, como investigadora poner sobre la mesa nuevas preguntas acerca del uso de los espacios y  la tecnología educativa:  “¿cuál es la inversión que hay que hacer en tecnología digital educativa?, ¿cómo podemos usar el edificio escolar?, ¿cuándo necesitamos que estén todos juntos y cuándo no?, ¿podemos usar otros espacios para la educación?, ¿rotan de otra manera los estudiantes?, ¿desescolarizamos parte del sistema educativo, en el sentido de dejar de tratar a todos los grupos de edad de forma homogénea? “.

Ante la situación distópica que estamos viviendo en los meses de Covid19, que ha llevado al cierre de todas las escuelas y ha supuesto una prueba de esfuerzo para el sistema educativo, Juan Manuel Moreno señala tres aprendizajes principales. En primer lugar, que se ha puesto en evidencia la crisis de equidad educativa existente antes de la pandemia, y cómo ésta ha sido incrementada por las propias medidas tomadas para paliar el cierre de las escuelas. En segundo lugar, el descubrimiento de que la escolaridad es todavía más importante para la sociedad de lo que ya sabíamos, tanto por su función de custodia, como por su función de desarrollo del aprendizaje, pero además como elemento de cohesión social que funciona como “una llave que puede abrir o cerrar la propia economía de un país”. Por último, el principal descubrimiento ha sido que, en esta crisis educativa, ha marcado la diferencia “el capital profesional del profesorado, y el liderazgo institucional de las escuelas para movilizarse, asegurar la comunicación y la continuidad del aprendizaje de sus estudiantes”.  En este sentido, apuesta por seguir apoyando el desarrollo de los docentes y el liderazgo educativo, como un factor para elevar la capacidad de manejar la incertidumbre del sistema educativo, como una medida eficiente de planificación a largo plazo.

Desde la visión que aporta el seguimiento que se ha  hecho de las políticas educativas en el  IIPE de UNESCO, Fernanda Luna, aporta las tendencias de las respuestas ofrecidas durante la crisis, en tres momentos diferentes. Un primer momento en el que los esfuerzos estuvieron enfocados en la continuidad educativa en remoto, donde fueron clave la puesta en marcha de soportes digitales y las alianzas con el sector privado, y también en dar continuidad a los programas de alimentación escolar. En un segundo momento, las líneas de acción se centraron en  garantizar el bienestar integral de la comunidad y establecer estrategias pedagógicas más inclusivas, la capacitación docente, el ajuste curricular y la adaptación evaluativa. En un tercer momento, los esfuerzos se han puesto en la planificación de la reapertura de las escuelas y la nueva configuración del ciclo escolar. Por último, Fernanda destaca que “un rasgo común ha sido la capacidad de reacción, con respuestas integrales y diversificadas, ningún gobierno de la región se quedó inmóvil ante esta crisis educativa”.

Repensar la educación desde la creatividad 

Durante la pandemia, ha habido buenas noticias también, asegura Renato OperttiSe ha dado una gran creatividad de soluciones, la pedagogía se ha activado de abajo a arriba, y esto ha contribuido a recuperar la confianza en los docentes; la pedagogía se ha abierto a nuevas formas de enseñar y aprender; se ha recuperado la idea que la tecnología no importa, que lo importante es el uso que se la dé; y, por último, la pedagogía se ha abierto a ocurrir en espacios concatenados de presencialidad y educación remota.

“Paradójicamente, muchas de las competencias que nuestros currículums prescriben y que eran difíciles de desarrollar en el sistema educativo habitual, se han desarrollado en este escenario por la vía de los hechos, cuando los educadores han tenido libertad para trabajar de otra forma con sus alumnos”. 

Renato Opertti.

Felicitas Acosta, retomó la idea de los espacios concatenados de Renato para analizar nuevas formas de organización del espacio y del tiempo educativo, para dar respuesta a nuevas necesidades. Por un lado, apuesta por el uso de la tecnología para romper la simultaneidad tanto en su variable burocrática como en la variable pedagógica, aunque admite que, en esta última, la tecnología por sí sola no es suficiente para asegurar una mejora educativa. Apuesta, además, por desacoplar los tiempos de los distintos niveles educativos y  plantea algunas ideas sobre la distribución del uso de los espacios, más allá de la unidad del edificio escolar como único espacio.

Juan Manuel aceptó la pregunta del público sobre si vamos hacia un modelo híbrido, porque está convencido que con pandemia o sin ella, el aprendizaje se está haciendo cada vez más abierto, flexible, accesible y versátil, la pandemia ha acelerado tanto los desafíos como las oportunidades. Pero no quiere olvidar, que el derecho básico a la educación ahora mismo no está garantizado para toda la población. 

“Estamos viviendo una catástrofe, tenemos un espacio público que reabrir y un derecho humano que volver a ejercer. Para hacer frente a esta prioridad, necesariamente la educación tiene que ser híbrida, pero sin olvidar la crisis de equidad, la digitalización y el uso intensivo de la tecnología es una condición necesaria pero no suficiente”. 

Juan Manuel Moreno

Imágenes para el futuro de la educación

Para finalizar el encuentro, Alejandra Cardini, invitó a cada uno de los asistentes a compartir una imagen que les ayudase a imaginar el futuro. Entre todos concretaron esta serie de hilos con potencial transformador para la educación:

  • Aumentar los esfuerzos en inversión educativa para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y promover los aprendizajes para todo la vida para todos y todos. 
  • Revisar la organización del modo escolar y la transmisión del conocimiento.
  • Recuperar la discusión por el futuro para conseguir un imaginario que facilite un mundo más justo, sostenible e inclusivo.
  • Fomentar una educación en formato híbrido y plural en cuanto estrategias, ofertas y propuestas educativas.
  • Lograr una educación comprometida con la democracia, con la libertad de la persona.
  • Enfrentar la vulnerabilidad con políticas integrales, pero aceptando que la vulnerabilidad no es solo social y económica, también existe la vulnerabilidad educativa, con currículos mal diseñados, pedagogías no inclusivas, instituciones con organizaciones inapropiadas. La vulnerabilidad se teje entre lo que viene de fuera y de dentro del sistema educativo.
  • Dejar de pedir a la escuela que resuelva todos los problemas de la sociedad contemporánea, para poder liberar de esa carga imposible a los docentes.
  • Cambiar la inercia cultural del sistema educativo basada en el principio de  selección, que nos lleva a índices altos de fracaso, para pasar una cultura de evaluación para el aprendizaje.

En definitiva, pensar el futuro con optimismo para encontrar el equilibrio entre la salud y la educación, entre la emergencia y el largo plazo, las políticas integrales y las sectoriales, y un equilibrio fundamental entre lo deseable y lo posible, y cómo aprovechar cada contexto para avanzar en el camino.

Relato gráfico del encuentro virtual.

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