La escuela como un bien común de todos

El sentido de la escuela es un tema de reflexión que acompaña a la escuela desde su creación. La palabra sentido en sí misma tiene tantos sentidos que es interesante analizarla. Sentido como razón de ser, sentido entendido como finalidad, también como dirección que se define como cada una de las orientaciones opuestas. Sentido entraña también la perspectiva sobre las cosas y la interpretación de las mismas, sin olvidar la acepción del significado de las palabras. Y por último, sentido como la capacidad de reconocer la realidad circundante. 

Por consiguiente, la propuesta de reflexión sobre el sentido de la escuela implica matizar a qué sentido nos estamos refiriendo. ¿Cuál es el significado de la escuela?, ¿cuál es su finalidad?, ¿qué dirección o rumbo debe tomar de cara al futuro?, ¿la escuela y todos sus “sentidos” están abiertos a reconocer la realidad que nos circunda? Todos temas que nos pueden llevar por caminos de debate y reflexión de lo más estimulantes. 

Efectivamente, es un tema de debate porque detrás de lo que es la escuela y la educación hay pensamiento, posicionamiento e ideología. La educación, por consiguiente, la escuela, no es inocua a intereses e interpretaciones (sentido que le dan unos u otros). Hay algunos que entienden la escuela como institución que garantiza la conciliación, otros como principalmente instruccional para la transmisión de cultura y conocimientos, los hay que la entienden en su función socializadora y normalizadora: educar personas y ciudadanos, o aquellos que ponen el foco en la productividad y la empleabilidad. Múltiples interpretaciones sobre lo qué es y debe perseguir.  Y todo ello sin adentrarnos en algunos temas de más calado como la educación religiosa, afectivo-sexual, ciudadanía, valores… en la que el debate llega a callejones sin salida por las discrepancias existentes.

 Es evidente que el tema está lleno de vericuetos y encontrar el sentido de la escuela no es sencillo. Menos sencillo todavía parece llegar a consensos y acuerdos de mínimos sobre lo que debe perseguir la escuela y hacia dónde encaminarse. 

Poniendo en segundo plano matices relacionados sobre qué, cómo, dónde enseñar, la escuela tiene algo esencial que no se puede olvidar: la educación y la escuela son un bien común. Esto supone que pertenece a la sociedad en su conjunto y tiene la finalidad de la mejora colectiva. Este sentido que tiene la escuela no puede ser entendido únicamente como un servicio que puede ser instrumentalizado. Es un bien que se debe garantizar a través de las administraciones, con el fin de dar oportunidades a todos los individuos por igual (independientemente de su origen o condición). Un bien común que permite la mejora general de la sociedad. Entendida como ese bien común, la escuela sería una herramienta colectiva, de cooperación y progreso para todos.

Un bien común que permite la mejora general de la sociedad. Entendida como ese bien común, la escuela sería una herramienta colectiva, de cooperación y progreso para todos.

¿Por qué ahora esta idea de bien común cuando parece que hay otros urgentes y emergentes en la escuela? Porque la crisis sanitaria del COVID-19 nos ha mostrado que individualmente somos vulnerables y que sólo como sociedad en su conjunto somos capaces de dar respuesta a problemas o situaciones complejas. En este sentido las sociedades somos un sistema que puede garantizar, o no, el bienestar de las mayorías. El ejemplo más claro en estos aciagos tiempos se ha visto en la sanidad. Sanidad entendida como bien común puede garantizar la protección de la mayoría.  Por el contrario, una sanidad entendida como servicio (que se puede instrumentalizar como activo que explotar o en el que escatimar) crea importantes desequilibrios de acceso a la salud. 

Si se entienden como bien común, tanto la sanidad como la escuela, la sociedad pone todos sus esfuerzos en cuidar y garantizar estos derechos en igualdad de acceso y excelencia. Los encargados de administrar y gobernar aplicarán medidas para conseguir frutos a largo plazo y crearán las medidas oportunas para proteger la educación de intereses particulares. 

Es un buen momento para hablar del sentido de la escuela. Pongamos las cartas sobre la mesa: ¿entendemos todos los implicados la educación como bien común? Si es así, el acuerdo principal estaría garantizado, solo habría que poner todos los medios y esfuerzos (económicos y personales) para un sistema educativo que garantizara la igualdad, real, de oportunidades en todos los niveles educativos. Si todos partimos de esta premisa, posteriormente se podrán llegar a acuerdos en los que las diferentes posiciones tendrán que ceder para materializar la escuela: qué y cómo enseñar. También se podrán abordar otras cuestiones como las modalidades de centros educativos, tratar el debate de la religión, la educación para la ciudadanía… o cualquiera de los temas que copan el debate educativo. 

Si se entienden como bien común, tanto la sanidad como la escuela, la sociedad pone todos sus esfuerzos en cuidar y garantizar estos derechos en igualdad de acceso y excelencia. Los encargados de administrar y gobernar aplicarán medidas para conseguir frutos a largo plazo y crearán las medidas oportunas para proteger la educación de intereses particulares. 

Podríamos establecer un paralelismo con el pacto durante la transición en el que todo el estado y sus representantes se pusieron de acuerdo: la democracia no era negociable. Una mayoría asentó una base de libertades y derechos irrenunciables, posteriormente se negociaron y cedieron puntos de vista sobre cómo establecerla. Queda pendiente en torno a la educación ese debate en el que consensuar si todos estamos de acuerdo en que la educación es un bien común, en ese caso se invertirán todos los recursos para asegurar el acceso a una escuela universal, pública, gratuita, de calidad, con amplios recursos, con sistemas de control eficaces… disponible para todos (independientemente de que otros quisieran elegir otra modalidad de escuela). 

 Para mí el sentido de la escuela debe empezar definiendo su razón de ser: bien común.  Aclarados estos términos se podrá definir el sentido de para qué, el sentido de la dirección que tomar sobre qué y cómo enseñar, el sentido que le dan diferentes colectivos intentando acoger las múltiples perspectivas. 

Decía Freire que “la educación es un arma cargada de futuro”, preciosa metáfora que, leída desde una visión idealista, e incluso naíf, se entiende como instrumento para construir un futuro mejor, ideal. Pero esa arma puede ser de doble filo, ya que si no se entiende como bien común será un arma de poder que asegura el futuro a unos pocos y reproduce la desigualdad. Solo puesta al servicio de la mayoría alcanzará a ser el medio para el progreso de cada persona y del conjunto de la sociedad.  Que cada persona que forma parte de esta sociedad pueda alcanzar (porque así se garantiza) el máximo potencial, desarrollo y conocimiento nos hará progresar a todos, creando una sociedad cada vez más avanzada. 

Monse Poyatos

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