Necesitamos un currículo flexible abierto e inspirador

Hay una distancia abismal entre lo que se enseña (el currículo) y lo que los alumnos aprenden realmente en la escuela

(José Ignacio Pozo)

 

El currículo que los profesores tenemos que enseñar actualmente en la escuela tiene unas características que lo hacen inabarcable. Está basado en un exceso de contenidos y en estándares, es un currículo del pasado y no prepara a los alumnos para resolver los problemas actuales y no digamos los que se pueden presentar en el futuro. Es un auténtico corsé para los profesores, que impiden a estos el desarrollo de la innovación y la creatividad.

Generalmente tenemos profesores aislados en su aula con un listado de contenidos que deben impartir, pegados a un libro de texto, cuya evaluación se basa en poner de manifiesto que los alumnos los han memorizado y retenido.

Necesitamos un currículo abierto, flexible e inspirador orientado al desarrollo de las competencias de los alumnos para conseguir que puedan enfrentarse a situaciones nuevas con pensamiento crítico y capacidad para resolver problemas.

El currículo tiene que responder a estas dos preguntas esenciales: ¿qué es lo que vale la pena enseñar? Aquello que ayude al alumno a comprender la sociedad en la que vive y a sí mismo, que le lleve a la acción y que inspire actitudes y comportamientos éticos. Y la segunda pregunta sería ¿qué contenidos deben ser considerados deseables? Aquellos que puedan ser recuperados sin grandes dificultades más allá de la enseñanza obligatoria.

En un currículo realmente basado en el desarrollo de las competencias de los alumnos los contenidos son vehículos para su adquisición. Y para medir el grado de adquisición de dichas competencias, deberemos cambiar la metodología de enseñanza (o de presentación de contenidos) y los sistemas de evaluación: ¿cómo conocer, medir, desarrollar experiencias para que se alcancen los objetivos marcados en términos de competencias?, ¿está el estudiante preparado para resolver problemas en diferentes contextos utilizando los conocimientos adquiridos?, ¿se hace preguntas?, ¿son capaces de relacionar contenidos de distinta naturaleza para abordar situaciones-problema? 

La Unión Europea ha revisado tanto el concepto de competencia como el marco de referencia de competencias clave que propuso en 2006 (RECOMENDACIÓN DEL CONSEJO de 22 de mayo de 2018 relativa a las competencias clave para el aprendizaje permanente) en esta recomendación define las competencias como una combinación de conocimientos, capacidades y actitudes, en las que: 

  • los conocimientos se componen de hechos y cifras, conceptos, ideas y teorías que ya están establecidos y apoyan la comprensión de un área o tema concretos; 
  • las capacidades se definen como la habilidad para realizar procesos y utilizar los conocimientos existentes para obtener resultados; 
  • las actitudes describen la mentalidad y la disposición para actuar o reaccionar ante las ideas, las personas o las situaciones. 

Estas se desarrollan con una perspectiva de aprendizaje permanente, desde la primera infancia hasta la vida adulta, y mediante el aprendizaje formal, el no formal y el informal en todos los contextos, incluidos la familia, el centro educativo, el lugar de trabajo, el entorno y otras comunidades. 

El marco de referencia establece las ocho competencias clave siguientes:

  • competencia en lectoescritura;
  • competencia multilingüe;
  • competencia matemática y competencia en ciencia, tecnología e ingeniería;
  • competencia digital; 
  • competencia personal, social y de aprender a aprender; 
  • competencia ciudadana;
  • competencia emprendedora;
  • competencia en conciencia y expresión culturales. 

Entre las competencias clave se integran capacidades como el pensamiento crítico, la resolución de problemas, el trabajo en equipo, las capacidades de comunicación y negociación, las capacidades analíticas, la creatividad y las capacidades interculturales.

Si queremos que el currículo sea el corazón de la escuela, su parte más esencial, es necesario que los profesores, alumnos y familias, participen en su desarrollo y concreción. De esta forma conseguimos que el currículo esté contextualizado en la zona donde está situado el centro educativo, que los profesores colaboren y, lo más importante, que los alumnos participen ya que tienen que ser el centro de las acciones educativas del centro. En definitiva, convertimos el centro educativo en una comunidad de Aprendizaje, una organización que aprende.

Como comenta (José Blas García, 2017) “Un currículum  formado por contenidos para cada edad, que ayude a  un alumnado concreto a conocer y a entender su mundo, solo puede emanar de los propios centros educativos. Ellos deberían ser los más cualificados para decidir qué contenidos se deben desarrollar y  cómo pueden secuenciar de manera didáctica y con la lógica del propio contenido. Es preciso, pues, empoderar (y formar) a los docentes para que puedan ser esa voz cualificada, técnica y profesional,  que tenga la capacidad para distinguir el grano de lo irrelevante.”

Por otra parte, el currículo tiene que estar vivo y estar siempre en cuestión. De acuerdo con los resultados de la evaluación de los alumnos la comunidad educativa tiene que revisar el currículo. No olvidemos que, entre otras cosas, evaluamos para tomar decisiones educativas.

José Cuerva

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1 comentario en “Necesitamos un currículo flexible abierto e inspirador”

  1. Pregunto: será posible que los grupos hegemónicos deleguen el diseño de los planes y programas de estudio de los niveles de la educación básica a la Escuela?

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