Una oportunidad para la evaluación en su función formativa

En estos tiempos de confinamiento y aislamiento social, diferentes países han propuesto suspender las calificaciones y acreditaciones de las y los estudiantes abriendo una oportunidad para abordar la evaluación de los aprendizajes desde una perspectiva diferente.

Se trata de evaluar para aprender como un modo más auténtico y desafiante de integrar la evaluación con la enseñanza y el aprendizaje.

La evaluación para el aprendizaje se entrama en un sistema que incluye al curriculum, la cultura escolar y las formas de enseñar. Esta idea nos ubica en una encrucijada acerca de qué tiene sentido enseñar hoy y qué no es valioso, para evitar que la evaluación para el aprendizaje se deslice hacia aspectos instrumentales vinculados con “obtener buenas notas”.

Se considera a las y los estudiantes como protagonistas de sus procesos de aprendizaje, como sujetos en contextos, portadores de una trayectoria escolar, con intereses variados, habituados a manejarse con lenguajes multimediales, a tomar decisiones y hacer elecciones, por fuera de la escuela.

Esta mirada sobre la evaluación reconoce lo particular, único y diverso de cada estudiante favoreciendo el desarrollo de procesos metacognitivos. Para ello, es necesario que cada estudiante conozca y comprenda los objetivos de aprendizaje y que éstos guíen su proceso de reflexión y de ese modo, contribuyan al desarrollo de su autonomía.

Dylan Wiliam describe cinco estrategias clave para sostener este enfoque de la evaluación:

  1. Dialogar con los estudiantes para clarificar, compartir y favorecer que comprendan los objetivos de aprendizaje y los criterios de evaluación.
  2. Diseñar debates, preguntas y tareas en las clases que provean evidencias de aprendizaje sin necesidad de realizar instancias únicas de evaluación, aquellas que conocemos como “pruebas”.
  3. Ofrecer retroalimentación a estudiantes que les ayuden a mejorar sus aprendizajes.
  4. Promover que los estudiantes dialoguen con sus pares y colaboren mutuamente en la resolución de sus tareas. Esto puede entenderse como procesos cooperativos donde un estudiante le enseña a otro lo que sabe “hacer bien”.
  5. Promover que los estudiantes sean dueños de sus aprendizajes, que definan sus propios objetivos a partir de conocer las metas previstas de aprendizaje, que establezcan planes, monitoreen sus procesos, recopilen y orienten sus acciones para lograr sus aprendizajes.

Existen muchas evidencias que dan cuenta del valor de la retroalimentación formativa en la mejora de los aprendizajes a partir de la construcción de un vínculo de confianza entre profesores y estudiantes, una fluída comunicación y un intercambio de ideas, preguntas y reflexiones. Los estudiantes tienen que construir su propio significado de los mensajes que reciben, hacer algo con ellos, analizarlos, formularse preguntas, discutir con otros y conectarlo con sus conocimientos previos.

La pregunta relevante no es ¿Qué hizo bien y qué hizo mal el estudiante?, sino, ¿Qué hacer ahora? ¿Cómo avanzar? ¿Qué le falta?

Los estudiantes tienen que construir su propio significado de los mensajes que reciben, hacer algo con ellos, analizarlos, formularse preguntas, discutir con otros y conectarlo con sus conocimientos previos.

Además la evaluación para el aprendizaje es formativa no sólo para las y los estudiantes, sino también para las y los profesores: al mirar las producciones y desempeños de sus estudiantes pueden reorientar su enseñanza. Cuando los equipos docentes se implican en llevar adelante con sus estudiantes prácticas sistemáticas de evaluación para el aprendizaje, inevitablemente, en un sesgo reflexivo, se preguntan también por sus propias intervenciones en el marco de la enseñanza.

En las escuelas habitualmente se observa la tensión entre el deseo de poner en juego evaluaciones formativas, y la exigencia de calificar a cada estudiante. La tradición en evaluación escolar se sustenta en las calificaciones y en un paradigma de rendición de cuentas. Llevar adelante practicas de evaluación formativa es, de algún modo, contracultural. ¿No es hora de revisar las prácticas de evaluación?

Llevar adelante practicas de evaluación formativa es, de algún modo, contracultural.

Rebeca Anijovich

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