La escuela que viene. Jóvenes en movimiento

¿Qué le debe ofrecer la escuela al estudiante “que viene”?

¿Cómo se tienen que construir las relaciones entre los diferentes actores de los centros educativos (especialmente entre alumnos y docentes), teniendo en cuenta las características de las presentes adolescencias y juventudes que habitan y circulan las escuelas?

¿Es lo mismo educar en una sociedad de instituciones “sagradas” al decir de François Dubet, que en mundo donde las cercanías, la multiculturalidad, la constante presencia digital y la emergencia de nuevos derechos interpela las formas y contenidos de enseñar y aprender?

Estas son algunas preguntas que nos interpelan al pensar La escuela que viene desde la perspectiva de los estudiantes.

Primero porque su lugar dentro de la sociedad (como jóvenes o adolescentes), está en proceso de transformación y, por lo tanto, esto repercute en las instituciones educativas.

Es imposible mantener la larga tradición de un chico sentado, copiando notas de lo que dice el profesor, para que luego las reproduzca en un momento de evaluación de cara a la acreditación del curso. Imaginar esa escena (todavía presente y quizá hegemónica) es no estar atento a las nuevas subjetividades. 

El cuerpo está presente ya no como un objeto a controlar, sino que es vivido (gracias a un largo proceso que comenzó en la segunda mitad del siglo pasado) como un lugar integral del individuo, que no solo se mantiene estático, sino que puede (y debe) conocerse, disfrutarse, moverse, ser parte integral del proceso vital dentro del proyecto escolar.

Segundo, esta realidad interpela los tiempos y espacios educativos en La escuela que viene. Los calendarios y locales destinados generalmente a la educación formal se ven desbordados por la realidad social en general y juvenil en particular. Las escuelas son espacios públicos a reconstruir conceptualmente en su aspecto físico, imaginándolos como lugares de encuentro, deporte  y actividades que se integran con otros proyectos socioeducativos.

La escuela ya no es el salón y el patio. La escuela es el espacio global donde habitan diversas formas de conocimiento y encuentro, con diversas propuestas pensadas en clave pedagógica, social y comunitaria (deportes, bibliotecas, espacios multimodales para estudio y tutorías… y la más variada gama de oportunidades). 

Además, hay escuela en diversos tiempos: en el trabajo en plataformas digitales que se hacen el fin de semana, en las actividades mal llamadas “extracurriculares” como los encuentros de ciencias, artes o salidas didácticas.

Como tercer elemento, sostenemos que el conocimiento que las instituciones educativas deben poner a circular en su proyecto institucional juvenil no solo debe contemplar elementos disciplinarios con contenidos segmentados y secuenciados, sino que en este ciclo de cambios y desafíos más que nunca deben articularse de acuerdo con los intereses de los propios integrantes y no ser meramente una reproducción de saberes ya elaborados, sino convertirse en el andamiaje conceptual de las preguntas, dilemas y sueños de los propios jóvenes. 

La educación que repite saberes estáticos llega en forma de paquete sin sentido a un joven que está en permanente búsqueda de referencias, apoyos y preguntas. No se trata de “rebajar los contenidos”, como muchas veces se sostiene en el debate. Se trata de que esos contenidos se integren con conceptos, procedimientos, competencias y actividades que están en el centro de la vida de nuestros jóvenes. 

Finalmente, entendemos que la clave de La escuela que viene es la participación juvenil. Sociedades democráticas, justas, que promuevan el bienestar emocional, multiculturales y con crecimiento sostenible, solo podrán ser sostenidas con ciudadanos formados para ello. A ser ciudadano, se aprende siendo ciudadano. La escuela tiene un lugar irremplazable en ello. Invitamos a cada centro educativo a trazar como uno de los objetivos institucionales el que los jóvenes puedan decidir parte de la currícula. Ellos deben ser escuchados al pensar los temas integradores de estudio, al formular sus preguntas sus preguntas  y al marcarnos sus desafíos. En este sentido, agregamos que no es menor pensar que la escuela que les permita también disponer de dineros presupuestales para gestionar sus proyectos, también los está habilitanto para aprender a administrarse, gestionar y convertir en realidad un sueño.

Estamos confiados en que La escuela que viene será la escuela de los Jóvenes. 

Trabajemos para ello.

Juan Pedro Mir

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