Escuelas en vertederos, en aldeas y en lugares recónditos: la inspiración necesaria para la escuela que viene

En la escuelita de Cateura no tenían plata para instrumentos y sin embargo han montado una nueva orquesta. Cateura está en el vertedero más grande de Paraguay, allá donde se puede encontrar de todo, menos billetes. Como cada trimestre, niños y maestros comparten nervios antes de una nueva función escolar. Se abre el telón y aparecen botes de conservas oxidados con forma de guitarra, palos de escoba amarrando las cuerdas de un violín y bidones de gasolina ejerciendo de violonchelos. La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura es el alma de otro tipo de escuela (1).

Solo unos kilómetros hacia el norte, en el mismo Paraguay, un grupo de niños echa cuentas de su negocio a la sombra de un cocotero. Mezclan matemáticas y lengua con contenidos culturales en la construcción de su propio proyecto de emprendimiento rural y familiar alrededor de las palmeras, de los cocos o de cualquier otro producto de la vegetación autóctona. La Fundación Paraguaya apoya la escuela, una escuela sin muros, al aire libre, entre cosechas y familias y con un arraigado sentido de pertenencia y sostenibilidad (2). Allí cada palmera es una escuela, otra escuela, y lo mismo están tratando de hacer en Kenia con la Asociación Baraka o en Chile con la Fundación Origen. 

Estas escuelas fueron la excepción y van a convertirse en la norma. Fueron las otras escuelas del siglo pasado, las extrañas, sin saber que en el año 2020 el mundo se llenaría de otras escuelas. Lo sé porque soy un ferviente admirador de todas ellas. 

Hay escuelas con forma de barco y con forma de palmera, escuelas viajeras que caben en maletas, escuelas en habitaciones de hospital, escuelas que se abren con una computadora, escuelas que llegan embaladas dentro de un palé y florecen en campos de refugiados. Hay muchas escuelas más allá de la del pupitre, y todas ellas, todas esas otras escuelas, son la inspiración de la escuela que viene.

Aprender es una de las experiencias más emocionantes de nuestra vida, pero además, es el motor de la escuela. Aprender, convivir, crecer, ser: todo eso pasa en la escuela con asombrosa cotidianeidad, es el milagro del día a día, también con mascarilla, gel y distancia física. La escuela vertebra nuestra socialización, pero también es el motor de transformación más importante. Representa la tecnología más sofisticada en el desarrollo del talento, el mayor de nuestros recursos, aquello que nos diferencia como especie. Por eso la escuela no solo socializa o enseña, sino que recrea la humanidad de generación en generación, y para lograrlo debe tomar la forma necesaria que mejor se acerque a todos sus alumnos, sin distinción, sin olvidarse de ninguno. 

Innovar en la escuela empieza por mirar y descubrir otra realidad, enfocar hacia fuera, hacia dentro y conversar. Innovar es centrarse y descentrarse, crear y destruir, es la descomposición que debe acompañar el comienzo de todo crecimiento y mejora. Nuestras escuelas del presente son el fruto de la semilla que plantaron experiencias excéntricas en escuelas rurales, en escuelas recónditas; escuelas en los barrios con mayor necesidad socioeconómica, donde la metodología, y no el recurso, explica el éxito de la experiencia. 

El futuro de la escuela que viene está en manos de las otras escuelas. Las escuelas en los márgenes, las que se atreven a combinar elementos del proyecto educativo, impulsadas por necesidades y desafíos insospechados, las otras escuelas que terminan por dibujar un nuevo modelo de ser escuela para todas. Estas otras escuelas son la brújula de la escuela que viene.

Las otras escuelas inspiran las palabras de Jaume Carbonell cuando habla sobre las “pedagogías del siglo XXI” donde “adquieren relevancia las pedagogías sistémicas, críticas, lentas, inclusivas, no directivas o que tienen que ver con las inteligencias múltiples o con los proyectos de trabajo. Todas y cada una de ellas disponen de redes de intercambio y colaboración, de espacios de encuentro(3)”. Son la antesala de la sistematización de Michael Fullan y Maria Langworthy cuando describen la aparición de nuevas pedagogías como: “The ‘new pedagogies’ are not just instructional strategies. They are powerful models of teaching and learning, enabled and accelerated by increasingly pervasive digital tools and resources, taking hold within learning environments that measure and support deep learning at all levels of the education system. ‘Deep learning’, in the way we will describe it, develops the learning, creating and ‘doing’ dispositions that young people need to thrive now and in their futures(4)”. 

Las otras escuelas son las pioneras, las valientes, las que doblegan su identidad como institución con una combinación todavía irreconocible, hoy por hoy, de los principales componentes de su proyecto educativo, pero que puestos al servicio del éxito de cada unos de sus alumnos, lo alcanzan y marcan el camino de muchas otras.

Las otras escuelas se vienen a la escuela que viene para enseñarnos cómo se puede aprender:

  • de formas distintas, no todos con el mismo material, las mismas experiencias y en el mismo momento y lugar, pero con un currículo compartido; 
  • con itinerarios personalizados, pero con la posibilidad de crecer en equipo; 
  • con docentes, familias, tutores y expertos conectados o presencialmente, compartiendo espacios de trabajo; 
  • en distintos tiempos y en distintos lugares, aunque con un seguimiento individualizado; 
  • con alumnos más allá de la edad, de acuerdo, por ejemplo, a sus niveles de competencia; 
  • compartiendo un currículo que haga local lo global;
  • tomando las decisiones de gestión en comunidad, con alumnos, familias y educadores.

Las escuelas están cambiando gracias a las otras escuelas. Me gusta vivir este fenómeno como una primavera de innovación educativa. Cientos de escuelas y miles de docentes en todas partes están actuando y reflexionando con nuevas formas de mejorar el aprendizaje de sus alumnos. En #laescuelaqueviene queremos rendir nuestro particular homenaje a otra forma de ser escuela. Para aprender todavía más con ellas y de su experiencia, les dedicamos este nuevo ciclo.

  1. https://es.wikipedia.org/wiki/Landfill_Harmonic
  2. http://www.fundacionparaguaya.org.py/v2/
  3. Carbonell, J. (2016) Pedagogías del siglo XXI. Alternativas para la innovación educativa. Barcelona: Octaedro.
  4. Fullan, M. y Langworthy M. (2014) A Rich Seam. How New Pedagogies Find Deep Learning. Pearson.

Alfredo Hernando

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