Síntesis «¿Qué es lo que hay que aprender en la escuela?»

Seis meses después de haber realizado el primer encuentro virtual se termina con este encuentro la segunda temporada de La escuela que viene. Comenzó el primer ciclo en la primavera del hemisferio norte, con 1.600 millones de niños confinados en el mundo, más de 190 países con las escuelas cerradas, y termina el segundo ciclo en la primavera del hemisferio sur, aún inmersos en la crisis que ha traído la pandemia, pero con la posibilidad de ver el poder transformador de este paréntesis educativo entre las dos primaveras.

Para reflexionar sobre lo que hay que aprender en #laescuelaqueviene nos han acompañado, en este último encuentro virtual, voces educativas de ambos hemisferios del mundo, voces iberoamericanas que han reflexionado sobre cuáles son los saberes que se hacen necesarios en estos momentos para imaginar un currículo que sea significativo para todos y todas.

El encuentro moderado por Carlos Magro, presidente de la Asociación Educación Abierta en España, ha sido compartido por Magdalena Claro, directora académica del observatorio de práctica digitales y profesora de la facultad de educación de la Universidad Católica de Chile;  Claudia Lombardo, Licenciada en Ciencias de la Educación, especialista en didáctica en la Universidad de Buenos Aires y directora del Instituto Evangélico Americano; Juan Ignacio Pozo doctor en Psicología y Catedrático en Universidad Autónoma de Madrid; y Fernando Trujillo, profesor del Departamento de Didáctica de la Facultad de Educación en la Universidad de Granada, director del grupo de investigación sobre conocimiento abierto para la transformación social.

 

 ¿Qué sentido le queremos dar a la educación escolar?

Comienza la conversación en torno a la reflexión que ha provocado en cada uno de los participantes el periodo de escuelas cerradas. Claudia Lombardo comenta cómo se ha revalorizado el sentido de la escuela  y cómo los profesores han sabido seguir con la formación: “durante este periodo el profesorado ha necesitado mirar de otro modo qué estaban haciendo, los contenidos y las herramientas tomaron otro valor, y han tenido que encontrar nuevas formas para ofrecer experiencias ricas que convocaran a los estudiantes aún en esas circunstancias”.

La pertenencia a la comunidad de aprendizaje ha sido uno de los grandes descubrimientos de la pandemia, según Magdalena Claro. Se ha constatado que la interacción de los alumnos con los maestros ha sido clave para la continuidad del aprendizaje, y que este diálogo es el que permite la vinculación del aprendizaje con el propio contexto. Se ha visto necesario reforzar la confianza en las comunidades educativas para que estas buscaran respuestas más acordes con sus propios entornos, que den sentido al aprendizaje.

“La pandemia ha desvelado una “desnudez de la educación” y la necesidad de pensarla en profundidad”. Juan Ignacio Pozo

Fernando Trujillo confirma que se ha hecho necesaria una mirada cualitativa al currículo durante el confinamiento. Además, destaca que la continuidad educativa se ha dado gracias a la mirada empática hacia el alumnado, a la búsqueda de canales alternativos de conexión con ellos y con sus familias. No se ha podido clarificar si los niños y niñas han aprendido más o menos durante este periodo, pero sí que han aprendido diferente, gracias al esfuerzo de los profesores, alumnos y familias, para adaptarse y “montar la escuela durante la pandemia al tiempo que vuela el avión”, como decía Antonio Rodríguez de las Heras.

 

¿Cuál es la relación real entre currículo oficial y aprendizaje?

Desde el punto de vista de la psicología del aprendizaje, Juan Ignacio Pozo explica que el aprendizaje es el cambio en las personas de manera duradera y transferible como consecuencia de las actividades que se realizan: “Se suele pensar en el currículo pensando en lo que se enseña, pensando en los contenidos, cuando se debería pensar en el aprendizaje, en los cambios que se han de producir en las personas como consecuencia de su interacción con el conocimiento”.

Magdalena Claro muestra su preocupación acerca del currículo, porque este sigue siendo una herramienta restrictiva que se usa como referencia absoluta para la evaluación de los centros en función de la adquisición única de contenidos. De este modo, cuando se intentan introducir novedades, para adaptarse a las necesidades o intereses de los estudiantes y los cambios culturales y digitales, estas engrosan el currículo existente y se convierten en un peso que restringe. Ve necesario “abrir espacios de libertad para la decisión pedagógica, que permitan ofrecer un menú de posibilidades al docente para vincularse con el entorno y los cambios culturales.”

Claudia Lombardo comparte que trabajar día a día junto a los docentes le facilita tener una visión más optimista, apuntando que “los docentes tal vez no podemos cambiar las políticas educativas, pero tenemos un espacio de “microfísica del poder” para modificar y generar cambios sustantivos en las propuestas de enseñanza, apostando por los cambios y aprendizajes de nuestros estudiantes al ofrecerles experiencias más ricas”.

Aunque el aprendizaje transforma al individuo, la escuela se concibió para consolidar las estructuras de poder, es una institución concebida para ser conservadora, comenta Fernando Trujillo, quien, en este contexto, considera la escuela como un espacio de poder político; y aún así él valora que situarse cerca de los docentes le concede un cierto “escepticismo optimista” al constatar que se está dando un debate sobre educación que emana de la comunidad, espacios donde se está observando una transformación educativa más horizontal, más de abajo a arriba.

 

¿Podemos hacer una articulación más democrática de los saberes, con un  currículo más comprensivo, más inclusivo y representativo?

Claudia Lombardo cree que la administración educativa debe resguardar que, en la medida que se da espacio a proyectos particulares y diferenciadores, no se genere inequidad educativa. Ve necesario que “se dé un equilibrio entre la mirada central y la respuesta particular y adaptada a lo local”.

Juan Ignacio Pozo piensa que es clave la creación de espacios dialógicos de conocimiento y de reflexión, porque genera una horizontalidad en múltiples direcciones, no solamente entre el aula y lo que pasa fuera de la escuela, sino entre todos los agentes que intervienen.

En este sentido, Magdalena Claro aporta que hemos de estar atentos a las tendencias culturales que ayuden a situarse como docentes, haciendo especial énfasis en los lenguajes en los que se comunican los alumnos, y cómo apropiarse también de ese medio transmedia puede situar la práctica en nuevas formas de enseñanza. “Si no tiene en cuenta la forma de consumir información, de comunicarse y conectar actual, el currículo se hace excluyente, en cuanto que deja fuera a la escuela y no prepara a los alumnos para apropiarse y formarse como ciudadanos, como profesionales con la posibilidad de utilizar estas mismas herramientas con un sentido crítico y socialmente situados en el bien común o la construcción social”.

 

¿En qué tensiones dialógicas se mueve la educación?

Carlos Magro recoge las reflexiones que se están dando en la conversación en una serie de tensiones que vive la educación. Tensiones entre transformar y conservar, construir lo común y lo público y responder a las diversidades, a las que Fernando Trujillo añade una tensión más, aquella que se está dando entre la organización y la pedagogía. Considera que se tendría que volver a “pedagogizar la organización escolar”, de manera que las tomas de decisiones organizativas (tiempos, espacios, metodologías) se  hagan con criterios pedagógicos. Un ejemplo que afecta en gran medida a la organización curricular es el fenómeno oculto de la enseñanza centrada en la certificación o preocupada por las evaluaciones externas. 

Tanto Fernando como Ignacio Pozo ven que la escuela sigue teniendo una lógica selectiva, con una evaluación más basada en la memorización que en la transferencia, en la que se excluye del proceso a los alumnos que no siguen adecuadamente los pasos necesarios. Hoy en día, muchos docentes se mueven en esta tensión, conectando cada vez más con el marco cultural y el marco mental en el que inciden las propuestas innovadoras, se preguntan cómo compaginar esas otras habilidades y formas de aprender con las evaluaciones externas que les siguen evaluando como escuela, como estudiante y como alumno con unos estándares muy establecidos.

Claudia Lombardo apunta que, a raíz de los actuales resultados poco alentadores en las pruebas externas, ve necesario que se siga trabajando nuevas formas de aprender, y señala también la necesidad de que se den propuestas desde la formación docente, desde las instituciones y desde el reconocimiento a los cambios educativos. 

Fernando Trujillo estima que el profesorado se encuentra en el centro de un triángulo, que se estrecha y que dificulta su desarrollo profesional. Cree que existe un abandono de la escuela por parte de la universidad, también que hay una desconexión política con la realidad educativa y que el tercer sector presiona para que se dé una innovación mucho más rápida de lo que la escuela puede asumir por no contar con los recursos, los marcos culturales ni la estructura necesaria. 

Esta situación sólo se puede enfrentar desde el diálogo y las comunidades de aprendizaje en busca de tres identidades que la fortalezcan: la identidad ciudadana, la identidad para la construcción del conocimiento, y la identidad para la conexión con el mundo externo a la escuela, con otros profesionales y con la comunidad educativa. Identidades que evitarán que se generen desigualdades, que se continúe en lo convencional y que exista un desajuste con la sociedad.

 

¿Cuáles son los mínimos necesarios para el aprendizaje?

Termina la tertulia con una última ronda breve en la que cada uno de los participantes selecciona qué contenidos creen imprescindibles si se sitúa el currículo en el marco del aprendizaje.

Juan Ignacio del Pozo apuesta por un currículo que transgreda las disciplinas, que supere la limitación de las disciplinas fragmentadas, así como un currículo capaz de formar personas competentes en tomar decisiones sobre la selección de la información, que sepan filtrar, interpretar y comunicar. Personas capaces de dialogar y de gestionar las emociones ligadas con el aprendizaje.

Magdalena Claro suma que, en ese mismo marco, también es vital el pensamiento crítico y el manejo de distintos lenguajes y conceptos para poder trabajar en problemas que son multifactoriales. 

Claudia Lombardo desea un currículo más significativo para los estudiantes, cree necesario que se seleccionen los contenidos conociendo a los estudiantes de manera que sean desafiantes para estos, que les provoquen y despierten el deseo de aprender. 

Fernando Trujillo centra su última intervención en los resultados obtenidos en una investigación en la que se relacionan las identidades para el desarrollo docente nombradas antes, con habilidades y competencias, así como con las metodologías activas que las fomentan. En cuanto a la identidad ciudadana, el compromiso, la agencia o resiliencia, se encuentran vinculadas con estrategias como el Aprendizaje Servicio y la Resolución de Problemas. En torno a la identidad para la conexión, la pertenencia y la identidad, la colaboración entre estudiantes y con el entorno, conectan con el abanico de metodologías inductivas que favorecen el aprendizaje por indagación y descubrimiento. El tercer lugar, la competencia vinculada con la alfabetización múltiple, transmedia, para el diálogo, la creación de conocimiento, el pensamiento crítico, la gestión de la información. Opina que los centros más innovadores están trabajando con unos paquetes de destrezas más amplios de lo común, no solo hacia las destrezas cognitivas a las que apunta el currículo normativo, sino también destrezas metacognitivas, sin olvidar destrezas socioemocionales y las destrezas vinculadas con el arte, con la educación física y la salud.

Carlos Magro cierra el encuentro con el agradecimiento a los participantes y con una cita del último libro de Marina Garcés, “preguntarnos cómo queremos ser educados implica podernos preguntar qué futuros podemos imaginar y con qué pasados nos queremos vincular”. Cita con la que nos aplaza a seguir viajando juntos para no dejar de reflexionar sobre La escuela que viene

 

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